Un asesino en serie se esconde tras una coartada perfecta en el nuevo caso de Ágata y Lola
El último capítulo enfrenta a la inspectora y la documentalista a un crimen imposible: el principal sospechoso tiene una coartada de hierro, estaba entre rejas cuando la víctima murió. La investigación las llevará a descubrir que detrás del caso se esconde algo mucho más inquietante.
Un nuevo cadáver, un sospechoso encerrado en prisión y una evidencia que no encaja. Así arranca el capítulo 8 de Ágata y Lola, uno de los episodios más intrigantes de la temporada.
Todo apunta contra un hombre concreto. Su rastro está por toda la escena del crimen. Hay un problema: en el momento del asesinato, cumplía condena en la cárcel. La imposibilidad del caso obliga a Ágata a bucear en los archivos con la meticulosidad que la caracteriza, mientras Lola tira de instinto para no perder la pista de la víctima.
La respuesta, cuando llega, es peor de lo que ambas imaginaban. No hay un tirador solitario detrás del crimen, sino un asesino en serie que lleva tiempo actuando sin ser detectado. El giro cambia por completo el tono de la investigación y obliga al tándem protagonista a moverse con más cautela que nunca.
El episodio vuelve a exhibir la fórmula que ha convertido a la serie en un fenómeno: el contraste entre la lógica implacable de Ágata y la audacia de Lola sobre el terreno, envuelto en ese tono luminoso y feel good que combina tensión criminal con momentos de humor y complicidad entre ambas protagonistas.